"Lo que sembréis, cosechareis"

 

El maestro Jesús con estas palabras dio a conocer al mundo la Ley de Causa y Efecto.

Para todos es muy fácil entender que si se siembra trigo, se cosecha trigo y que si se siembra cizaña, se cosecha‚ cizaña.

Pero no todos comprendemos que este concepto también es aplicado a las acciones mentales, emocionales y físicas que manifestamos en nuestro diario convivir.

Lamentablemente lo tomamos como un enorme concepto intelectual y vemos la paja en el ojo ajeno y no en el nuestro.

Que‚ fácil decimos: Cosechaste lo que sembraste! Como nos olvidamos de mirarnos a nosotros mismos para comprobar lo que hacemos.

Muchos creen que con conocer las Leyes Metafísicos y practicar meditación, la Ley de Causa y Efecto dejara de actuar.

Pero esto no es así, las Leyes Metafísicas Universales están siempre interactuando.

Veamos algunos ejemplos de lo que hacemos:

1) Pienso mal de alguien.

Soy metafísico y se que por la Ley del Mentalismo, mis pensamientos toman forma y regresan a mi. Por lo tanto, alguien pensara mal de mi también o algo semejante suceder . Entonces, medito, pido la luz violeta de transmutación para que disuelva ese concepto erróneo de mi pensamiento, lo elevo y creo que ya esta ya me libere del efecto de mi pensamiento!

Pues bien, no es tan simple.

Si en mi corazón reina el arrepentimiento por mis actos erróneos, es probable que haya disuelto el error y lo transmute en bien. Pero, si es solo un pedido de transmutación por miedo a lo que vendrá y espero ser justificado en mis actos e incluso, sigo haciendo lo mismo, el karma continuara su curso.

2) Digo y creo que no hay que hacer a otros, lo que no me gustaría que me hagan.
Sin embargo, lo hago.


Difícilmente pueda polarizar lo que crean de mi los demás si me comporto de esta manera, pues yo la critico en los demás.

3) Lo que digo y lo que hago, difieren.

Por lo tanto, es seguro que los demás hagan lo mismo conmigo y sin embargo me quejo.
Hay muchos ejemplos. Inexorablemente, si no corregimos nuestros vicios en nuestra conducta: criticar, difamar, creernos el centro de todo, llamar la atención, ser soberbios, creernos superiores a otros, impuntuales, mentirosos, morosos, malhumorados, gritones, desprolijos, desordenados, maleducados, etc., difícilmente nos rodeemos de lo bueno, armonioso y saludable.

Hay que ser un reflejo de las cualidades del Padre para poder tener acceso a su Sabiduría. Por mas que busquemos en otras personas y en libros el conocimiento metafísico del verdadero ser, no lo encontraremos si no desarrollamos nuestro Cristo Interno.

La llave parar abrir la puerta al mundo espiritual es nuestro propio ser evolucionado con la capacidad de ser humilde de corazón, armonioso y liberado de todo error.


Cuando nos ponemos ansiosos por escuchar respuestas a pedidos que hacemos al Padre Madre Amor Dios, pensemos si estamos preparados para recibirlas.
Muchas veces nuestros tiempos físicos no corresponden a los que nos convienen y esto lo sabe Dios.

Por lo tanto, recordemos las palabras de Jesús. Empecemos ya a sembrar buenos pensamientos y actos; corrijamos el error de nosotros, antes que fijarnos en el ajeno.

Perdemos mucha energía en criticar a nuestros seres queridos, parientes, amigos, gobierno, pases, etc. Repasemos una y otra vez las 7 Leyes Universales. Antes de preocuparnos de como están las personas mas allegadas, el trabajo de ellos, el dinero, el comportamiento de otros, querer solucionar problemas ajenos, centrémonos en nosotros para estar armoniosos, serenos y por afinidad todo mejorara en nuestro entorno.

 

Dirijamos la atención hacia nosotros, empecemos ya, que hay mucho que hacer con nosotros mismos para ocuparnos de los demás.

Un buen metafísico que logra armonizar su vida y su entorno mas cercano, es capaz de entrar en una habitación y por su gran energía armonizadora y en paz y amor, puede transmutar todo el error de todas las personas y generar un lugar apacible y lleno del amor de Dios. Con esto indicamos que no es ser egoísta ocuparnos de nosotros, por el contrarío, estemos bien y todo y todos estarán bien.

Sembremos el bien y cosecharemos el bien al ciento por uno. Adelante, comencemos ya pensando algo hermoso!