Reflexión sobre la inercia
Si vemos como funciona el concepto de inercia bajo el punto de vista de la física, podremos comprender como actúa en nosotros mismos para otros propósitos.
Todo objeto estático requiere de un esfuerzo para romper la inercia que
lo mantiene en total quietud. Una vez rota esta inercia, el esfuerzo para mantener
el objeto en movimiento, es menor. Esto también es aplicable a nosotros
y podemos verlo en los casos de las personas que comienzan a practicar un deporte.
Al principio, al comenzar una persona a realizar ejercicios se sentirá
dolorida por el primer esfuerzo. Luego, con la práctica, ya no hay más
dolor ni esfuerzo. Esto quiere decir que, si nosotros
somos perezosos para meditar y orar, debemos juntar fuerzas y proponernos romper
con la inercia que nos mantiene inactivos.
Una vez logrado esto, mantendremos la continuidad en la práctica de la metafísica y esto nos llevará a obtener los resultados que queremos pero que no buscamos por pereza.
Cualquier propósito que se tenga en la vida debe llevarnos a romper la
inercia de la holgazanería, pereza o a veces, temor a obtener lo que
tanto deseamos pero que no estamos convencidos de lograr.
Hay que comprender que es necesario poner decisión y energía para
quebrar nuestro ocio e inercia. Debemos pedir al Padre Celestial que nos brinde
voluntad y luego, al ponernos en marcha, pondremos en práctica lo que
sabemos y al fin, obtendremos los logros esperados.
Es importante también, hacerlo sin prisa pero sin pausa, para no cansarnos
y volver a la inercia que nos inmoviliza.
Pensemos por un momento que estamos conduciendo un automóvil (carro)
que nos puede llevar a donde anhelamos. Es evidente que debemos arrancar y poner
primera (el cambio que da el primer y mayor impulso al auto para moverse). Una
vez que nos movemos, los demás cambios nos dan la velocidad que deseamos
para recorrer el camino.
Todos nuestros proyectos de vida, no solo la práctica
del conocimiento metafísico, necesitan ese primer impulso para vencer
la inercia de nuestro cuerpo.